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“Deporte de competición en la infancia: preparación para la vida o maltrato (1ª parte)”, por Eduardo Riol Hernández.

 

           
   Foto de Tima Miroshnichenko. Pexels.com

Este verano han tenido lugar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020. Se trata del mayor evento que ensalza la excelencia en la competición a escala planetaria. Han sido unos juegos extraños y heroicos, marcados por la pandemia y por la toma de conciencia de la importancia de preservar la salud mental de las personas participantes. Noticias como la retirada momentánea de alguien tan mediático como la gimnasta estadounidense Simone Biles, o la de tenistas como Naomi Osaka en el grand-slam de tenis de Roland Garros, unos meses atrás, por similares razones -de tipo psicológico-, dieron pie a una retahíla de declaraciones públicas en el mismo sentido por parte de deportistas procedentes de muy variadas disciplinas y otras personalidades vinculadas al mundo del deporte.

        

Estos hechos me han traído a la memoria un reportaje que vi hace bastantes años en televisión sobre la trayectoria deportiva y personal de la tenista aragonesa Conchita Martínez. En aquel entonces me impactó el relato de una joven traumatizada por un entorno de exigencia desmedida que convirtió su vida en un infierno durante aquella etapa. Felizmente, hoy es una mujer adulta con una carrera de éxito que entrena a otros jóvenes deportistas. Me gustaría conocer su punto de vista, como experta y veterana, de lo que sucede en la alta competición en materia de salud mental. Podría contribuir a orientar a las familias y al personal técnico encargado de su preparación, a fin de prevenir y tratar los problemas emocionales que suelen sufrir muchas de estas jóvenes desde su infancia. Posiblemente nos ayudaría a dilucidar si en demasiadas ocasiones se ha podido someter a niños y adolescentes con talento a una presión excesiva en pro de un esperado “éxito”, traducido en forma de victorias, récords y premios. Si se han antepuesto otros intereses -como los económicos, el orgullo del club o territorio representado, etc.- al desarrollo personal sano y equilibrado de atletas y jugadores.

Desde mi punto de vista, el exceso de rigor en los entrenamientos y el control e implantación de determinados hábitos de vida que se exigen a muchos desde temprana edad pueden convertirse en una forma de maltrato.

Si se juzga exagerada mi argumentación, pensemos en los casos que se repiten en el mundo de la gimnasia artística, por ejemplo, o fuera del ámbito estrictamente deportivo, en el ballet clásico, o el ajedrez. Hasta qué punto se llega a veces a forzar los pequeños cuerpos y mentes de criaturas que pueden ver en riesgo incluso su crecimiento y la morfología corporal adecuada, su desarrollo socioafectivo…

No se cuestiona aquí la conveniencia de fomentar en los jóvenes el espíritu de sacrificio, o de inculcarles el valor del esfuerzo. Solo pretendo subrayar la relevancia de hacerlo en su justa medida y adaptado a la edad y circunstancias de cada deportista. Si el adiestramiento en cualquier disciplina no se lleva a cabo de un modo progresivo y dentro de unos límites, se corre el peligro de terminar infligiendo una  tortura en toda regla.

(Continúa en la 2º parte)


4 comentarios:

  1. Muy acertada tu reflexión, estoy segura que se les presiona mucho más de lo que imaginamos.

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  2. Completamente de acuerdo, pero hay que hacerlo extensivo a todos los ámbitos, principalmente creo yo que al de los estudios, donde las falsas necesidades creadas por los centros educativos en aras de la deseada "excelencia educativa" deja montones de fracasados en el camino que sin esa presión podrían haber continuado felizmente. En el ámbito deportivo, las más grandes estrellas han sido aquellas que se lo pasaban bien y se divertían al practicar sus deportes; cuando esto se convierte en una obligación y le sumas la presión... mal vamos!

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